
Hoy no puedo por menos que mostrar en la tortilla de patata una versión, cuanto menos inédita, del primer movimiento de la sonata Claro de luna de Beethoven, sin duda una de las páginas más oídas de la literatura pianística. De la mano de Pichard Cleidermal, el único pianista del planeta que hace playback cuando graba un documento audiovisual añadiendo baterías de la época de Los Panchos y regozándose a su antojo con la música de los grandes Maestros, manipulando el arte original como si éste le perteneciera de toda la vida... juzguen ustedes mismos.
¿Suena bonito? No lo sé, pero ¿qué pasaría si se nos ocurriese derramar kétchup en un cuadro de Van Gogh o dejar en pelotas a una Menina de Velázquez?
Menos mal que está aquí un clásico de este blog para solucionar esto y, agarrando la sartén por el mango, ¡pone los puntos sobre las íes!.
En el minuto 1’ 13’’ esta a punto de sufrir un esguince de meñique en la mano derecha pero, después de salvar el escollo, logra situar el punto culminante de la obra en el 4’ 05’’, no antes de haberse cerciorado varias veces de encontrarse solo en la sala para dar rienda suelta a su imaginación, sin límites.
Y como no me parece de recibo presentar una digna copa de Bohemia en este lamentable escenario, les dejo con el siguiente arreglo para piano y orquesta que, auque se ve que no es de Rimski Korsakov, está hecho con un poco más de gusto que lo anterior. Nos relata la bella historia acerca de esta composición. ¿Será cierta?

















