1 de enero de 2009

Reflexiones navideñas (3)

El Evangelio de San Mateo, en su capítulo dos, versículos del uno al doce, narra el camino que recorrieron “unos magos” hasta Belén para visitar al recién nacido Jesús y ofrecerle obsequios. Y tuvieron que pasar muchos siglos hasta que se les asignasen los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, asumiendo que eran sabios o astrónomos porque siguieron la estela de una estrella en su largo viaje. Por ello, no se ha perdido aún la tradición por parte de quienes son padres, en calidad de reyes magos, de hacer regalos a sus hijos pequeños mientras estos conservan íntegra la ilusión. Reflexionar si han sido buenos, escribir la carta y enviarla, dejar entreabierta la ventana del salón, y colocar las zapatillas al lado del árbol junto a unas pastas para los camellos es síntoma fehaciente de que aún se es niño. Pero como no es de recibo hacer regalos solamente a los pequeños también cae algo para el hijo mayor quien, a su vez, tiene un detalle con los padres, y abuelos. Los tíos también lo tienen con los sobrinos por no quedar mal con sus hermanos, y los sobrinos regalan algo simbólico a sus tíos. Y, como no, a los hermanos y cuñados, quien a su vez leen a toda la familia la “lista” de lo que quieren que le compren al sobrino con el fin de no tener regalos repetidos de sus abuelos, padres y tíos -por parte paterna, ya que no se hablan con la hermana de su madre desde el día que ésta dejó de comprarle el regalo de reyes a las hijas de su primas-.
Ahora sí, el menos culpable de todo esto es El Corte Inglés que, además de abrir sus puertas dos horas más el día 5 de enero, te entrega en cada compra ¡el ticket regalo! para poder descambiar todo el 7 por la mañana.

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