
Tres cosas hay en la vida: Salud, dinero y las programaciones didácticas...
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Ayer me disponía a entrar mi casa por el garaje tal y como lo vengo haciendo diariamente desde hace siete años, accediendo al mismo por la única calle posible para hacerlo y en la que figura una señal de prohibido el paso “excepto a vados autorizados”. Cuando doblo la esquina me aguarda una patrulla de policía, cuan ave rapiña esperando a su presa, quien me detiene. Baja un agente y, de muy malos modales, me indica:
Poli: “¿No ve usted la señal de prohibido el paso?, lo que debería usted hacer es dar la vuelta entera -indicándome con el dedo- como todo el mundo”.
Yo: “Disculpe, pero creo que se está equivocando. Yo vivo ahí y el único acceso que tengo para entrar a mi garaje es éste. Además, ¿no ha visto usted que bajo la señal de prohibido hay una indicación que pone -excepto vados autorizados-?”.
El agente -que debía ser el primer día que pasaba por allí- comienza a ponerse pálido, pero no por menos que abandonar su tono amenazante y con tintes evidentes de mala educación, va a comprobar la señal y a su regreso me dice:
Poli: “Tiene usted razón. Disculpe y prosiga su marcha”.
Yo: “Acepto sus disculpas, no se preocupe. Pero son 200 €. ¿O acaso me perdonaría usted la multa si soy yo quien no hubiera visto la señal?...”

Pero cuando un instrumento como la guitarra cae en manos de alguien que se ha tomado doce chupitos de anís el mono antes de desayunar, o de quien simplemente porta pabellones auditivos en lugar de oído a ambos lados de la cabeza, las consecuencias pueden llegar tan desastrosas como impredecibles. La siguiente versión es muestra evidente de ello donde el “ejecutor” consigue alcanzar un punto culminante de lirismo poético, como mandan los cánones, en el minuto 4’ 18’’ y cuya magia consigue mantener durante unos gloriosos segundos elevando la expresividad a sus cotas más altas y sublimes.
Aunque si podemos considerar a Arnold Schönberg como a uno de los principales artífices de la desintegración de las funciones tonales en la música, el individuo que viene a continuación termina de machacarlas y pisotearlas en su totalidad, aunque, eso sí, de un modo cuanto menos inapropiado. Conseguir ver el video completo -yo aún no he podido- podría considerarse de una auténtica machada.

