Qué rico centollo recién traído de las Rías Baixas, con huevo picado en su interior y aliñado con albariño denominación de origen, para celebrar el nacimiento de Jesús en el portal de Belén. Lo celebramos hincándole el diente a cada una de sus pezuñas, la primera, por la Virgen María, una más por el Santo José, y la pinza más gorda por la mula, o mejor por el buey -no al que tenemos pensado hacer un homenaje la última noche del año sino el que postra a la diestra de la mula-. Nos ponernos ciegos comiendo todo tipo de manjares, dulces y "excusas" en forma de colesterol emborrachándonos con champagne junto a la imagen del pobre niño Jesús, nacido en un pesebre, hambriento sin nada que llevarse a la boca.
El régimen más tiránico del mundo
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Hace 4 horas

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