
¡¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!!
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Esta mañana he recibido un video que me ha enviado Diego Fernández Magdaleno. En él, aparece un "pianista" cuyo nombre aún no ha sido identificado por la Interpol. Me ha dejado sin respiración y no he podido por menos que presentarlo en la tortilla de patata como vaso, sin copa; ¡sin nada más! Y Precisamente, acabo de presenciar una excelente conferencia-concierto a cargo de Diego sobre "el piano en la música de Josep Soler", una de las figuras más relevantes de nuestro tiempo no solamente por sus méritos como así lo atesora el reciente Premio Nacional de música con el que ha sido galardonado en 2010, sino por su trayectoria histórica, su vida y en definitiva, su experiencia, cuyo reflejo en la música contemporánea actual solo puede definirse como un regalo divino con nombres y apellidos. Es un placer indescriptible poder estar en un evento de tal magnitud y sufrir las aglomeraciones a las puertas del mismo por parte de seres humanos de todas las condiciones sociales. Profesores, alumnos, gente del mundo de la cultura, políticos y personas de a pie, codeándose entre sí para hacerse literalmente un hueco en el Salón de Actos donde poder inhalar la atmósfera Soleriana con los cinco sentidos, hacen las delicias de todos los amantes de la música y son común denominador de cualquier evento musical acontecido en nuestra ciudad. Pero como no quiero desviarme del tema que nos ocupa en este post, les dejo con el siguiente video cuya calidad artística e interpretativa es inversamente proporcional al grado de ironía de mis palabras…


El Concierto para Piano y Orquesta en la menor de Edvard Grieg es sin duda una de sus obras más representativas y que ha dado lugar a multitud de diferentes versiones a lo largo de la historia. La que les propongo a continuación no es la que mejor se escucha, pero si una de mis favoritas en la que Arthur Rubinstein de la mano de André Previn hace una exhibición de majestuosidad, sobriedad y maestría ante el piano con la sencillez que le caracteriza.
En la siguiente versión, Cesc Fàbregas reencarnado en Richard Clayderman expone una versión del concierto cuanto menos peculiar. Los momentos culminantes que se suceden son incontables pero merece la pena resaltar entre el minuto 1’ 57’’ y el 2’ 30‘’ el derroche de técnica mediante un vertiginoso despliegue de octavas y arropado de cadencias al puro y expedito estilo más lisztiano.
Pero si alguien pensaba que ya lo había visto todo, lo que viene a continuación delimita un antes y un después en el devenir de la enseñanza pianística, retomando el prehistórico método de la pelota de tenis para favorecer la correcta posición de la muñeca. En este caso, bien acompañada por un gorro de halloween que ayuda notablemente a asumir el momento con el humor que procede para no asesinar a sangre fría al profesor de la criatura.
Claro que este alumno no siguió los consejos de la pelotita…